El Siberian Husky es, básicamente
un perro de manada cuya vida queda totalmente marcada y dirigida por
su situación dentro de la jerarquía que rige su entorno. Ya desde el momento del alumbramiento
aparecen dos tipos de carácter básicos, pero con las consiguientes
gradaciones entre ambos: -Por un lado nos encontramos
con ejemplares de un marcado carácter dominante, dominancia que
llevan a todas y cada una de las diferentes facetas de su vida, incluida
su relación con el hombre. -Por otro lado aparecen animales
con un sentido de la sumisión clarísimo desde el primer
momento (no confundir con timidez). Estos se limitan a seguir los dictámenes
de los ejemplares dominantes. -Las gradaciones entre ambos
dan lugar a los diferentes escalones en la jerarquía del grupo;
animales con diferentes grados de dominancia y sumisión. Debemos tener muy presente
desde el primer momento el hecho de que la palabra "amo" no
es apropiada para definir la relación hombre-Siberian Husky.
Este hecho viene dado precisamente por el profundo sentido de manada
inherente a la raza. Efectivamente, para un ejemplar
de Husky su propietario no es su "amo", sino que pasa a ser
otro Siberiano. Teniendo claro este concepto
resulta facilísimo comprender la mayoría de los comportamientos
del animal de cara a nosotros, y más fácil aun descubrir
como afrontar los diferentes problemas que pueden surgir en nuestra
relación con el animal. A su vez, para aprender a dirigir la
relación de nuestro Husky con el resto de los perros, tenemos
que aprender a conocer su grado de dominancia personal, para de este
modo evitar choques innecesarios con otros ejemplares de similar condición,
pues es solo en estos casos donde pueden aparecer peleas y daños
físicos cuando se trata de Siberianos. En la relación entre
un ejemplar dominante (alfa) y otro sumiso, dependiendo del grado de
dominancia (situación social) del animal sumiso, puede aparecer
como mucho un pequeño choque en el cual queden claras las posiciones
de ambos perros en la jerarquía que se crea dentro de esa relación.
Cuando nos encontremos ante un caso claro Husky dominante-perro sumiso,
y no tengamos dudas al respecto, si se produce un choque es preferible
permitir que ambos animales marquen sus posiciones sin interferencias.
Repito, siempre que tengamos la seguridad de que no nos encontramos
ante dos ejemplares dominantes, en cuyo caso el choque seria mucho más
fuerte. En el caso del Siberiano podemos usar esta táctica debido
a que existe una enraizada inhibición de la agresividad desde
el mismo momento en que uno de los ejemplares muestra sumisión. Ningún Siberiano continuará
atacando a un perro que muestra sumisión, si así ocurriese
nos encontraríamos ante un ejemplar claramente desequilibrado. En el hogar, el Husky es
un animal normalmente tranquilo debido a su facilidad de adaptación
a cualquier situación. Esta misma facilidad de adaptación
le permite permanecer horas tumbado en casa sin apenas moverse (ejemplares
adultos por supuesto), a la par que se convierte en una auténtica
maquina de correr cuando se encuentra en espacios abiertos. Definitivamente no nos encontramos
ante un perro como los demás, por lo tanto no debemos interpretarle
ni tratarle como al resto. El Siberian Husky es un perro muy especial,
podríamos decir que exclusivo en su género. No es un perro
para cualquiera, nos encontramos ante un pequeño lobo socializado
y tenemos que buscar en lo más profundo de nuestros instintos
para poder entenderlo plenamente. Desde aquí hacemos un llamamiento a todos los criadores y establecimientos especializados en la venta de perros. Les rogamos por el bien de la raza, que intenten, en la medida de lo posible, vender ejemplares de Siberiano tan sólo a las personas que ellos consideren van a ser capaces de hacerse con ellos. Es el único camino para salvar el buen nombre de una raza excepcional y acabar a su vez con el abandono sistemático de maravillosos animales por una simple falta de ética profesional e información. |