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Orígenes
del Siberian Husky
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foto al pie del artículo
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Mientras en China, en el Indo, en el Éufrates, en Persia y en Egipto se formaban culturas muy avanzadas, algunas de las cuales habrían dado origen mas tarde en la cuenca del Mediterráneo a los pilares de la civilización del mundo antiguo, en el resto de Eurasia perduraba una sociedad tardo-neolítica formada por pastores y cazadores que posteriormente se dedicaron a la cría del ganado. Exceptuando las regiones tocadas por corrientes de tráfico, que además del intercambio de mercancías permitía un intercambio de culturas y conocimientos, en el resto de los territorios euroasiáticos la fisonomía de la sociedad cambió muy poco en los dos milenios que siguieron al inicio de la era cristiana. Esta siguió siendo esencialmente una sociedad de pastores, en su mayoría nómadas, y de campesinos bien arraigados en sus tierras. El aislamiento de Siberia se prolongó tanto que cuando los occidentales entraron en contacto con las numerosas etnias que se encontraban establecidas allí, estas practicaban aún un modelo de vida primitivo. Era desconocido el uso de la rueda y los transportes se realizaban cargando directamente a los animales o utilizando la rastra. De la evolución de este último medio nació el trineo, que con el tiempo se fue haciendo cada vez más ligero al ser necesaria una mayor autonomía junto a la velocidad de movimiento. Fue probablemente después de algún experimento de tiro con buenos resultados cuando el perro comenzó a ser seleccionado exclusivamente para tirar de los trineos. Con el tiempo, en todo el territorio siberiano
fueron diferenciándose dos tipos de sociedad. La primera utilizó
el perro como medio primario de locomoción y estableció
con este animal vínculos estrechos que llegó a una cultura
del perro con implicaciones sociales y religiosas; la otra dio prioridad
al reno y aunque también poseyó perros los utilizó
de forma distinta. Pero hubo un pueblo, el de los Ciucki, que no se sometió nunca a la autoridad rusa y conservó durante casi tres siglos una sorprendente independencia. Esta población se había retirado a la parte más lejana y aislada de Siberia, en las tierras montañosas que bordean Alaska. Estos se movían con los trineos
sobre el banco de hielo, en el que nadie más podía aventurarse,
y trasladaban con ese medio a los habitantes de pueblos enteros, adelantando
los movimientos de los rusos y teniéndolos prácticamente
en jaque. Finalmente y luego de varias derrotas, los rusos desistieron
definitivamente de toda acción contra los indómitos siberianos. Los Ciucki pudieron oponerse a la colonización y alcanzaron por último la autonomía gracias a unos aliados discretos y valiosos: sus perros. Pero ¿cómo habían
logrado disponer de un medio tan eficaz que resultó determinante
para el propio destino de su nacionalidad? ¿Qué distinguía
su método del adoptado por los pueblos vecinos? De todos los perros de tiro, los del pequeño
pueblo siberiano presentaban el aspecto más mísero. Ello
era en parte cierto, pues los Ciucki seleccionaban a los perros en función
de su aptitud para el tiro, no por su tamaño. Cuando aún
eran cachorros eran sometidos a un aprendizaje severo hasta la edad
de un año. Con gran atención comparaban los ejemplares
procedentes de distintas camadas, vigilando su comportamiento y eliminando
los rebeldes o incompatibles. Por último se formaban las jaurías
poniendo a todos los perros bajo la guía de un líder más
viejo que ellos. Así obtenían un conjunto homogéneo
y armónico. La actividad se extendía al cuidado ininterrumpido
de los animales, desde los acoplamientos hasta la maternidad, desde
el crecimiento de los cachorros hasta la asistencia a los animales heridos,
llegando por último a proteger a las jaurías con cobijos
adecuados en caso de mal tiempo. Todo lo anterior demuestra que los Ciucki
eran verdaderos criadores en el sentido moderno de la palabra. Generalmente todos los perros de tiro
eran castrados a excepción del líder. Además sólo
este último podía acceder a la tienda familiar y a él
le correspondía también cubrir a las hembras en la época
de celo. De ese modo se perpetuaban las mejores características
y se controlaba toda la descendencia. El resultado era que mientras las jaurías
de perros grandes y robustos agotaban pronto sus energías y no
ofrecían confianza en recorridos largos y accidentados, los perros
Ciucki mostraban una extraordinaria resistencia en las largas distancias.
Gracias a su mayor ligereza y agilidad, eran además capaces de
afrontar prácticamente cualquier terreno, moviéndose por
los frágiles bancos marinos de hielo o afrontando impracticables
itinerarios entre las montañas. Otra ventaja en favor de los pequeños siberianos era la sobriedad y la adaptación a todo tipo de alimento. Un factor resultaba especialmente importante: al ser fruto de una selección que asimilaba a todos a un tipo único, los perros estaban provistos de un manto medio corto que resultaba el más adecuado para todo tipo de clima, en contraposición con los perros de pueblos vecinos que presentaban un manto de pelo largo que no favorecía a los animales. En efecto, el pelo se secaba más lentamente y facilitaba la formación de placas de hielo, que hacían a los perros más pesados y torpes; además durante el tiro, el pelo más largo determinaba un balance térmico desfavorable. El desembarco en Alaska En 1867 las florecientes finanzas de Estados
Unidos permitieron la realización de un intercambio histórico:
la enorme "caja de hielo" fue comprada por los americanos.
La vida no cambió demasiado. Los
emigrantes europeos estaban repartiéndose aún las tierras
de los estados del Oeste americano y ningún funcionario anhelaba
ser trasladado a una región de terrible fama. Pero todo cambió de repente cuando
a lo largo del río Klondike, en el territorio canadiense de Yukon
contiguo a Alaska, fueron descubiertos algunos filones de oro. Era el año 1896 cuando miles de
personas de todas partes del mundo acudieron a aquellos territorios. La llegada de más de 30.000 hombres
en busca de fortuna fue un fenómeno social y patológico.
Se le llamó "Gold Rush" o carrera del oro. Cientos
de buscadores, a menudo totalmente desprovistos frente a la áspera
naturaleza y el clima polar, pagaron con la vida sus sueños.
Otros, conquistaron en poco tiempo un tesoro, pero lo perdieron de forma
igualmente rápida. A medida que se apagaba el fervor de la
corrida y la vida de estos pueblos mineros comenzó a tomar el
cariz de negocios bien regulados, aquellos que se quedaron dependían
del perro de trineo para sobrevivir. El hielo cortaba toda comunicación
por mar durante la mayor parte del año; esto hizo que los residentes
de Nome dependieran exclusivamente de los equipos de perros como medio
de transporte. Teniendo en cuenta que el sobrevivir dependía
virtualmente de estos perros, no es de extrañar que uno bueno
fuera no solamente una posesión de mucho valor, sino también
un objeto de inmenso orgullo y prestigio. A raíz de todo esto "Scotty"
Allan, quien luego se convertiría en una de las figuras más
populares de la historia de Alaska, fue quien sugirió que de
una vez por todas se realizara una carrera que demostrara cuál
era el mejor equipo. Además de estas normas había
una larga lista de tecnicismos. Se decidió que la carrera se llevaría
a cabo en abril, siendo este el mes donde las condiciones climáticas
eran casi perfectas. Previo a esto se realizaron carreras durante todo
el invierno. Tanta intensidad por supuesto resultó en una reevaluación
de todo el escenario de los perros de trineo. Se probaron distintas
innovaciones y se alivianaron los trineos. La primera carrera se llevó a cabo
en 1908, fue ganada por el equipo del presidente, Albert Fink, manejado
por John Hegness. El evento fue aún más exitoso de lo
que pudieron llegar a suponer sus organizadores. Se convirtió
en el evento del año en Nome y se decidió realizar la
carrera anualmente. Se decretaron 4 días de vacaciones, cerraron
los colegios y se realizaba un concurso de "Reina de Sweepstakes",
también daba lugar a uno de los pasatiempos favoritos de la frontera:
las apuestas. Durante el verano de 1908 llegó
a Nome un mercader de pieles de Rusia llamado William Goosak con un
equipo de perros de Siberia, que eran sustancialmente diferentes en
tamaño, disposición y apariencia de los perros locales.
Mientras que el aspecto de los perros locales era grande, altos de patas,
bravos y muchas veces con aspecto lobuno, dispuestos a pelear y que
daban la impresión de mucha fuerza, estos perros de Siberia eran
compactos, dóciles, y tenían mas aspecto de zorro. A los
habitantes de Nome les gustó la apariencia y la amigable disposición
de estos perros, pero nadie tomó en serio la sugerencia de que
pudieran competir en la carrera contra los más grandes y aparentemente
más duros y resistentes perros locales. Muchos sostenían
este hecho basándose solamente en la diferencia de largo de patas,
y nadie pensó que los perritos de patas más cortas tenían
alguna probabilidad de figurar. A pesar de esto Goosak logró
convencer a un hombre llamado Thurstrup para que condujera el equipo.
Es así que en una fría mañana de abril de 1909,
el primer equipo de siberian huskies que se viera en el continente americano
salió del pueblo de Nome y entró en los anales de la historia.
No ganaron la carrera básicamente por un error estratégico
de su conductor. A causa de una ventisca cuando se iniciaba
la carrera, de los 14 equipos que comenzaron solo 3 pudieron continuar,
entre ellos el favorito, un equipo de perros cruza conducido por Scotty
Allan, Percy Blatchford, quien conducía el segundo equipo de
Allan y Thurstrup conduciendo los siberianos de Goosak. En la primavera anterior un joven escocés
llamado Fox Maule Ramsey había llegado a Nome con sus dos tíos,
el coronel Charles Ramsey y el coronel Weatherly Stuart, ya que su familia
había invertido en las minas de oro de Nome. El joven Ramsay
se adaptó fácilmente a la conducción de perros
y en 1909 condujo un equipo en la carrera pero no se ubicó. Luego
de ver a los siberianos en acción y con el consejo de Ivor Olsen,
un hombre conocedor de Siberia, Ramsay alquiló una goleta en
el verano de 1909 y cruzó el Mar de Bering hacia Siberia. Retornó
con unos setenta siberianos, que obtuvo en el pequeño asentamiento
de Markova sobre el río Anadyr. De estos perros es que al año siguiente
Ramsay anotó tres equipos en el All Alaska Sweepstakes, uno para
él y uno para cada uno de sus tíos. El equipo de su tío
Charles Ramsay, conducido por John "Iron Man" Johnson ("Mano
de hierro") obtuvo el primer lugar con un tiempo de 74 horas, 14
minutos y 37 segundos, un tiempo que jamás fue igualado en la
historia de la carrera. Ramsay mismo, conduciendo su equipo, llegó
en segundo lugar, y el tercer equipo de siberianos, conducido por Charles
Johnson, llegó cuarto. En los años siguientes la suerte
eludió a los equipos de siberianos y hasta fueron drogados para
que no ganaran. Las carreras de 1911 y 1912 fueron ganadas por el equipo
de Scotty Allan con sus cruzas, con un equipo de siberianos conducidos
por Charles Johnson obteniendo el tercer lugar en ambas ocasiones. Leonhard Seppala llegó a Nome alrededor de 1900. El pequeño hombrecito había nacido en un pueblo pesquero de Noruega a 400 km del Círculo Ártico. Enfrentó los peligros del pescador del ártico a la edad de 11 años, había trabajado como herrero con su padre y completado su aprendizaje en el pueblo de Christiana. El trabajo duro y su afición a los deportes convirtieron a Seppala en un joven, que a pesar de su pequeñéz, era un excelente esquiador y luchador. Su idea de continuar con el negocio familiar terminó abruptamente cuando falleció su novia y prometida. Decidió dejar Noruega y emigrar a los campos de oro de Alaska. Trabajó en varias cosas y alrededor
de las minas; nunca le fue bien pero desarrolló el arte de conducir
los equipos, y como el resto de la comunidad se aficionó a las
carreras de trineos. Los perros eran muy jóvenes y el
único con experiencia era Suggen, el líder. Ganó la carrera con facilidad.
Su rival más cercano fué Scotty Allan. Al llegar a Cabo Nome a 20 km del final,
Seppala le llevaba una hora de ventaja a Scotty Allan y ganó
holgadamente. El hombrecito con sus perros ganó
la admiración y el afecto de todos, el jamás usó
un látigo con sus perros. En 1925 cuando la difteria amenazaba con
aniquilar a la población de Nome, fue cuando Seppala y sus siberianos
obtuvieron reconocimiento internacional. En enero de ese año
murió el primer niño por la enfermedad y pronto fueron
afectados otros. La cantidad de suero antidiftérico en Nome era
pequeña y se terminó rápidamente a medida que avanzaba
la enfermedad. El suero más cercano estaba en
Anchorage a 1528 km de distancia, podía ser transportado en ferrocarril
hasta Nenana. El avión en condiciones operativas mas cercano
estaba en Seattle y no había tiempo suficiente para traerlo al
norte. Por lo tanto la única forma de que el suero llegara a
través de los 1053 km que había entre Nenana y Nome era
por trineo. Este viaje era arduo en cualquier época del año
pero más aún en invierno. Con las mejores condiciones
climáticas los equipos del Correo Postal americano tardaban 25
días en cubrir la distancia. El plan de Seppala era dejar a varios
de los perros a lo largo del camino en las aldeas de los esquimales
donde pudieran descansar y ser alimentados para el viaje de vuelta.
Dejando a 12 perros por el camino planeaba llegar a Nulato, donde se
encontraría con el equipo que provenía de Nenana con 8
perros. Esto sería un número suficiente ya que le habían
dicho que el paquete con el suero era muy liviano. Cuando Seppala ya había partido
de Nome, la epidemia creció en forma tan alarmante, que se decidió
hacer relevos día y noche desde la dirección de Nenana.
Así fue al final del cuarto día, cuando Seppala estaba
llegando a la aldea de Shaklotik, se encontró con el otro conductor.
Seppala había viajado solo 272 km., cuando él pensaba
viajar 480 km. Por ende casi sigue de largo cuando entendió las
palabras "suero-vuelva". Aunque esto acortaría su viaje,
Seppala acababa de pasar los peores 70 km. sobre el hielo de Norton
Sound desde Isaac Point a Shaktolik y ahora con el arribo de la noche
y un fuerte viento de frente, tendría que volver sobre el hielo.
En este momento del viaje siempre estaba la probabilidad del rompimiento
del hielo que salía flotando al mar de Bering. Muchos hombres
se habían perdido de esta manera, y con el viento fuerte la probabilidad
de que esto ocurriera era mucho mayor. Sin embargo Seppala llegó
a Isaac Point habiendo viajado en un día 144 km. Al día
siguiente siguiendo el consejo de un viejo esquimal, hizo el viaje más
tierra adentro, aún así en un momento pasaron sólo
unos metros del mar abierto donde el sendero que habían seguido
el día anterior había sido arrastrado al mar. Esa tarde
llegaron a la aldea de Cheenik donde se cambio el equipo. El último equipo, conducido por
Gunnar Kasson, llegó a Nome a las 5.30 de la mañana del
2 de febrero de 1925. El viaje de 1053 km de Nenana a Nome se completó
en 5 días y medio, y de estos kilómetros Seppala había
conducido a su equipo 544 km. Ninguno de los otros equipos condujo mas
de 84 km. Una oración de este recuerdo dice:
"Los hombres pensaban que el límite de velocidad y resistencia
había sido logrado en las agotadoras carreras de Alaska, mas
una carrera por deporte y por dinero fue mucho menos estimulante que
esta contienda, en la que la humanidad era la urgencia y la vida era
el premio". La mayoría de las razas tienen
algún ejemplar que por alguna razón llega a convertirse
en leyenda. A través de los años siempre brillando en
el horizonte helado del pasado aparece Togo: pequeño, oscuro,
compacto, sordo ante las alabanzas que lo ensalzan, irreverente, con
aspecto de zorro, salvo cierta pose y esa respuesta confiada a las órdenes,
como un verdadero siberiano, con su inmutable y desvergonzada mala fama. Togo nació en el criadero de Seppala
en en Little Creek, en Alaska en 1915 o 1916. Llevaba el nombre del
famoso almirante japonés. Su padre era Suggen, el siberiano líder
de Seppala que ganó las carreras de 1914 y 1915. Su madre era
una hembra llamada Dolly. Fue el único cachorro de la cría
y según Seppala era solitario, a veces hosco y siempre travieso.
Su primer dueño fue Víctor Anderson, que lo devolvió
a los 6 meses cuando ya se convirtió en una molestia. Luego Seppala
se lo dio a una mujer que quería una mascota, pero a pesar de
los cuidados de la señora, Togo repetidamente rompía su
cadena o saltaba por la ventana y volvía a Little Creek. Finalmente,
aceptando lo inevitable, Seppala decidió quedarse con el perrito.
Encantado de estar nuevamente en el único lugar que le gustaba,
Togo paseaba por la tundra o corría suelto junto al trineo diariamente.
Esto le daba mucho placer al cachorro, pero pronto comenzó a
irritar a Seppala porque Togo se deleitaba pasando rapidísimo
al lado del equipo y buscando la oportunidad mordía en las orejas
a alguno de los perros y se escapaba rápidamente. Cuando Seppala planeó un viaje
a Dime Creek en Noviembre, dejó a Togo en un corral de 2.10 mts
de alto de alambre tejido con las instrucciones de que no soltaran al
cachorro sino hasta 2 días después de que hubiese partido.
Esa noche Togo saltó y casi se escapa, quedó colgado boca
abajo del alambre que se había clavado en la pierna. Cuando lo
soltaron no se preocupó por la herida, sino que se desvaneció
en la noche. Seppala había acampado en Salomon esa noche. Cuando
partió a la mañana el equipo comenzó a tirar con
una fuerza inusual y creyó que habían sentido el rastro
de un ciervo. Cuando subió el sol y amainó el viento vio
lo que parecía ser un zorro en la senda más adelante,
pero pronto casi sin poder creer lo que veían sus ojos se dio
cuenta de que era Togo. En ese momento el cachorro hizo su treta de
cargar contra los perros y morder las orejas. Cuando le vendó
la pata esa noche decidió que no había otra cosa que hacer
al día siguiente más que poner el cachorro en un arnés
con el resto de los perros. Lo puso bien atrás en el equipo tal
como se hace con los perros nuevos, para poder controlarlo. Una vez
que estuvo en el atalaje el cachorro se comportó como un veterano.
A medida que transcurría el día y seguía trabajando
mejor que los adultos, iba avanzando posiciones hasta que al final del
día estaba compartiendo la punta con el experimentado perro líder.
Seppala no podía creerlo, era un cachorro de 8 meses que nunca
había estado en un arnés, con una pierna lastimada y que
en su primer día había viajado 120 km. A partir de ese
día Togo se convirtió en el favorito y siempre se podía
depender de el. Aún cuando maduro, Togo pesaba solo 23 kilos.
A medida que pasaban los años, su fuerza, velocidad y resistencia
lo convirtieron en una leyenda en toda Alaska. Luego se convirtió
en líder absoluto del equipo en 1918 y se calculaba que recorrió
unos 8000 km convirtiéndose en el perro mas viajado del mundo.
En 1925 Seppala volvió a confiar en Togo para la corrida del
suero, pero el largo y penoso viaje de 544 km dejó su marca en
el viejo perro que quedó permanentemente rengo desde entonces.
Muchos se apenaron cuando los periodistas le dieron el crédito
a Balto, uno de los perros de la segunda línea que usó
Gunnar Kasson para llevar el suero los últimos 80 km hasta Nome.
Los reporteros simplemente le pasaron la impresionante carrera de Togo
a Balto y lo publicaron como "el más grande líder
de carreras de Alaska". En consecuencia la estatua que se erige
en el Central Park en Nueva York en conmemoración de este evento,
lleva el nombre de Balto en vez de Togo. Cuando Togo murió en la casa de Mrs. Elizabeth Ricker en Poland Spring, en el estado de Maine en diciembre de 1929, su cuerpo fue llevado al museo Peabody en la Universidad de Yale, donde fue embalsamado. Fue llevado al museo Shelbourn cerca de Burlington, en Vermont donde cada verano acuden muchísimos admiradores de los siberianos para honrar a este perro que simboliza las palabras de la estatua de Balto en el Central Park. Dice así: "Dedicado al
indómito espíritu de los perros de trineo que llevaron
el suero 960 km por el áspero hielo a través de las traicioneras
aguas pasando las ventiscas árticas, desde Nenana para dar alivio
a la aquejada Nome durante el invierno de 1925.
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