Siberian Husky Cuna de Lobos

Orígenes del Siberian Husky

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Mientras en China, en el Indo, en el Éufrates, en Persia y en Egipto se formaban culturas muy avanzadas, algunas de las cuales habrían dado origen mas tarde en la cuenca del Mediterráneo a los pilares de la civilización del mundo antiguo, en el resto de Eurasia perduraba una sociedad tardo-neolítica formada por pastores y cazadores que posteriormente se dedicaron a la cría del ganado.

Exceptuando las regiones tocadas por corrientes de tráfico, que además del intercambio de mercancías permitía un intercambio de culturas y conocimientos, en el resto de los territorios euroasiáticos la fisonomía de la sociedad cambió muy poco en los dos milenios que siguieron al inicio de la era cristiana. Esta siguió siendo esencialmente una sociedad de pastores, en su mayoría nómadas, y de campesinos bien arraigados en sus tierras.

El aislamiento de Siberia se prolongó tanto que cuando los occidentales entraron en contacto con las numerosas etnias que se encontraban establecidas allí, estas practicaban aún un modelo de vida primitivo. Era desconocido el uso de la rueda y los transportes se realizaban cargando directamente a los animales o utilizando la rastra. De la evolución de este último medio nació el trineo, que con el tiempo se fue haciendo cada vez más ligero al ser necesaria una mayor autonomía junto a la velocidad de movimiento.

Fue probablemente después de algún experimento de tiro con buenos resultados cuando el perro comenzó a ser seleccionado exclusivamente para tirar de los trineos.

Con el tiempo, en todo el territorio siberiano fueron diferenciándose dos tipos de sociedad. La primera utilizó el perro como medio primario de locomoción y estableció con este animal vínculos estrechos que llegó a una cultura del perro con implicaciones sociales y religiosas; la otra dio prioridad al reno y aunque también poseyó perros los utilizó de forma distinta.
Con el tiempo los rusos lograron extender su control incluso a las regiones más remotas.

Pero hubo un pueblo, el de los Ciucki, que no se sometió nunca a la autoridad rusa y conservó durante casi tres siglos una sorprendente independencia. Esta población se había retirado a la parte más lejana y aislada de Siberia, en las tierras montañosas que bordean Alaska.

Estos se movían con los trineos sobre el banco de hielo, en el que nadie más podía aventurarse, y trasladaban con ese medio a los habitantes de pueblos enteros, adelantando los movimientos de los rusos y teniéndolos prácticamente en jaque. Finalmente y luego de varias derrotas, los rusos desistieron definitivamente de toda acción contra los indómitos siberianos.

Los Ciucki pudieron oponerse a la colonización y alcanzaron por último la autonomía gracias a unos aliados discretos y valiosos: sus perros.

Pero ¿cómo habían logrado disponer de un medio tan eficaz que resultó determinante para el propio destino de su nacionalidad? ¿Qué distinguía su método del adoptado por los pueblos vecinos?

De todos los perros de tiro, los del pequeño pueblo siberiano presentaban el aspecto más mísero. Ello era en parte cierto, pues los Ciucki seleccionaban a los perros en función de su aptitud para el tiro, no por su tamaño. Cuando aún eran cachorros eran sometidos a un aprendizaje severo hasta la edad de un año. Con gran atención comparaban los ejemplares procedentes de distintas camadas, vigilando su comportamiento y eliminando los rebeldes o incompatibles. Por último se formaban las jaurías poniendo a todos los perros bajo la guía de un líder más viejo que ellos. Así obtenían un conjunto homogéneo y armónico. La actividad se extendía al cuidado ininterrumpido de los animales, desde los acoplamientos hasta la maternidad, desde el crecimiento de los cachorros hasta la asistencia a los animales heridos, llegando por último a proteger a las jaurías con cobijos adecuados en caso de mal tiempo.

Todo lo anterior demuestra que los Ciucki eran verdaderos criadores en el sentido moderno de la palabra.

Generalmente todos los perros de tiro eran castrados a excepción del líder. Además sólo este último podía acceder a la tienda familiar y a él le correspondía también cubrir a las hembras en la época de celo. De ese modo se perpetuaban las mejores características y se controlaba toda la descendencia.
Al contrario en los pueblos vecinos, menos aislados, se producían frecuentes cruces con perros traídos por colonos, funcionarios y soldados. Las jaurías se formaban con ejemplares valorados en función del tamaño y del aspecto, más que por la aptitud para el tiro.

El resultado era que mientras las jaurías de perros grandes y robustos agotaban pronto sus energías y no ofrecían confianza en recorridos largos y accidentados, los perros Ciucki mostraban una extraordinaria resistencia en las largas distancias. Gracias a su mayor ligereza y agilidad, eran además capaces de afrontar prácticamente cualquier terreno, moviéndose por los frágiles bancos marinos de hielo o afrontando impracticables itinerarios entre las montañas.

Otra ventaja en favor de los pequeños siberianos era la sobriedad y la adaptación a todo tipo de alimento. Un factor resultaba especialmente importante: al ser fruto de una selección que asimilaba a todos a un tipo único, los perros estaban provistos de un manto medio corto que resultaba el más adecuado para todo tipo de clima, en contraposición con los perros de pueblos vecinos que presentaban un manto de pelo largo que no favorecía a los animales. En efecto, el pelo se secaba más lentamente y facilitaba la formación de placas de hielo, que hacían a los perros más pesados y torpes; además durante el tiro, el pelo más largo determinaba un balance térmico desfavorable.

El desembarco en Alaska

En 1867 las florecientes finanzas de Estados Unidos permitieron la realización de un intercambio histórico: la enorme "caja de hielo" fue comprada por los americanos.

La vida no cambió demasiado. Los emigrantes europeos estaban repartiéndose aún las tierras de los estados del Oeste americano y ningún funcionario anhelaba ser trasladado a una región de terrible fama.

Pero todo cambió de repente cuando a lo largo del río Klondike, en el territorio canadiense de Yukon contiguo a Alaska, fueron descubiertos algunos filones de oro.

Era el año 1896 cuando miles de personas de todas partes del mundo acudieron a aquellos territorios.

La Corrida del Oro

La llegada de más de 30.000 hombres en busca de fortuna fue un fenómeno social y patológico. Se le llamó "Gold Rush" o carrera del oro. Cientos de buscadores, a menudo totalmente desprovistos frente a la áspera naturaleza y el clima polar, pagaron con la vida sus sueños. Otros, conquistaron en poco tiempo un tesoro, pero lo perdieron de forma igualmente rápida.
Sólo unos pocos elegidos de los miles de habitantes compartían las nuevas fortunas, pero todos eran socios en las dificultades de la vida cotidiana.

A medida que se apagaba el fervor de la corrida y la vida de estos pueblos mineros comenzó a tomar el cariz de negocios bien regulados, aquellos que se quedaron dependían del perro de trineo para sobrevivir.
En ningún lugar era más cierto esto que en un pequeño asentamiento en una lengua de tierra que sobresalía en Norton Sound. Las palabras "No Name" (sin nombre), escritas rápidamente a mano en un mapa por un clérigo en la oficina de Tierras Territorial, habían sido mal leídas y el pueblo tomó el nombre de "Nome". Este pueblo comenzó un crecimiento vertiginoso en 1899 cuando se encontró oro en un lugar cercano llamado Daniel´s Creek.

El hielo cortaba toda comunicación por mar durante la mayor parte del año; esto hizo que los residentes de Nome dependieran exclusivamente de los equipos de perros como medio de transporte.
Se estima que, al inicio del siglo, seguramente había más perros per cápita en Nome que en cualquier otra parte del mundo.
Al igual que los habitantes, los perros eran bien variados. Algunos eran perros nativos: de mantos gruesos, orejas erectas y tipo ártico; otros, que habían migrado junto con sus amos o habían sido adquiridos y luego enviados al norte por comercio, mostraban su herencia sureña: mantos pegados, orejas lobulares. En general eran perros grandes, fornidos, bravos, y al igual que los habitantes, aquellos que sobrevivían estaban acostumbrados al trabajo duro, al frío severo y poca comida.

Teniendo en cuenta que el sobrevivir dependía virtualmente de estos perros, no es de extrañar que uno bueno fuera no solamente una posesión de mucho valor, sino también un objeto de inmenso orgullo y prestigio.
Cuando a la noche los hombres se reunían alrededor del fuego en las tabernas locales, muchas veces el tema de conversación eran los perros. Los logros de este o aquel líder, o la velocidad de un equipo u otro, tomaban proporciones maravillosas. Cada hombre ensalzaba las virtudes de su equipo y señalaba los defectos de los otros, y así se acaloraban los debates.

A raíz de todo esto "Scotty" Allan, quien luego se convertiría en una de las figuras más populares de la historia de Alaska, fue quien sugirió que de una vez por todas se realizara una carrera que demostrara cuál era el mejor equipo.
Inmediatamente se dieron cuenta de que esto no podía ser una carrera común. Para probar algo iba a tener que ser un gran evento, lograr el interés del público, estar bien organizado con toda la maquinaria para hacer y mantener reglamentos, y a su vez ser una prueba justa de la capacidad tanto de perros como de conductores. Después de meses de discusiones se creó, en 1907 el Nome Kennel Club, con el objetivo de patrocinar y organizar el evento. Albert Fink, un abogado, fue su primer presidente y ayudó a delinear los reglamentos que básicamente eran:

- Todos los conductores deben ser socios del Nome Kennel Club.
- Todos los perros debían estar registrados en el Club.
- Un conductor podía tener en un equipo tantos perros como quisiera, pero todos los que salían debían volver, ya sea en el arnés o en el trineo, y todos serían marcados especialmente al comenzar la carrera, para evitar sustituciones.
- No podía haber ningún trabajo doble entre equipos. Cuando dos equipos que viajaban en la misma dirección se acercaban, el equipo posterior tenía el derecho de paso. Esta última regla no sería considerada en el tramo final de la carrera.

Además de estas normas había una larga lista de tecnicismos.
Para la trayectoria de la carrera se decidió un recorrido de Nome a Candle, de ida y vuelta, recorriendo una distancia de 652,8 kilómetros que incluía condiciones de manejo extremadamente variadas. Había hielo marino, tundra, montañas, bosques, glaciares y también un valle, que estaba casi siempre cubierto por ventisca, sin importar cuán bueno estuviera el clima en otro lado.

Se decidió que la carrera se llevaría a cabo en abril, siendo este el mes donde las condiciones climáticas eran casi perfectas. Previo a esto se realizaron carreras durante todo el invierno. Tanta intensidad por supuesto resultó en una reevaluación de todo el escenario de los perros de trineo. Se probaron distintas innovaciones y se alivianaron los trineos.

El All Alaska Sweepstakes

La primera carrera se llevó a cabo en 1908, fue ganada por el equipo del presidente, Albert Fink, manejado por John Hegness. El evento fue aún más exitoso de lo que pudieron llegar a suponer sus organizadores. Se convirtió en el evento del año en Nome y se decidió realizar la carrera anualmente. Se decretaron 4 días de vacaciones, cerraron los colegios y se realizaba un concurso de "Reina de Sweepstakes", también daba lugar a uno de los pasatiempos favoritos de la frontera: las apuestas.

Durante el verano de 1908 llegó a Nome un mercader de pieles de Rusia llamado William Goosak con un equipo de perros de Siberia, que eran sustancialmente diferentes en tamaño, disposición y apariencia de los perros locales. Mientras que el aspecto de los perros locales era grande, altos de patas, bravos y muchas veces con aspecto lobuno, dispuestos a pelear y que daban la impresión de mucha fuerza, estos perros de Siberia eran compactos, dóciles, y tenían mas aspecto de zorro. A los habitantes de Nome les gustó la apariencia y la amigable disposición de estos perros, pero nadie tomó en serio la sugerencia de que pudieran competir en la carrera contra los más grandes y aparentemente más duros y resistentes perros locales. Muchos sostenían este hecho basándose solamente en la diferencia de largo de patas, y nadie pensó que los perritos de patas más cortas tenían alguna probabilidad de figurar. A pesar de esto Goosak logró convencer a un hombre llamado Thurstrup para que condujera el equipo. Es así que en una fría mañana de abril de 1909, el primer equipo de siberian huskies que se viera en el continente americano salió del pueblo de Nome y entró en los anales de la historia. No ganaron la carrera básicamente por un error estratégico de su conductor.

A causa de una ventisca cuando se iniciaba la carrera, de los 14 equipos que comenzaron solo 3 pudieron continuar, entre ellos el favorito, un equipo de perros cruza conducido por Scotty Allan, Percy Blatchford, quien conducía el segundo equipo de Allan y Thurstrup conduciendo los siberianos de Goosak.
Thurstrup llegó tercero, después de haber liderado la carrera por más de 100 millas, pero su actuación bastó para convencer a todos del calibre de los siberianos. Habían demostrado no solo su velocidad y resistencia, sino también lo fácil y versátil de su manejo.

En la primavera anterior un joven escocés llamado Fox Maule Ramsey había llegado a Nome con sus dos tíos, el coronel Charles Ramsey y el coronel Weatherly Stuart, ya que su familia había invertido en las minas de oro de Nome. El joven Ramsay se adaptó fácilmente a la conducción de perros y en 1909 condujo un equipo en la carrera pero no se ubicó. Luego de ver a los siberianos en acción y con el consejo de Ivor Olsen, un hombre conocedor de Siberia, Ramsay alquiló una goleta en el verano de 1909 y cruzó el Mar de Bering hacia Siberia. Retornó con unos setenta siberianos, que obtuvo en el pequeño asentamiento de Markova sobre el río Anadyr.

De estos perros es que al año siguiente Ramsay anotó tres equipos en el All Alaska Sweepstakes, uno para él y uno para cada uno de sus tíos. El equipo de su tío Charles Ramsay, conducido por John "Iron Man" Johnson ("Mano de hierro") obtuvo el primer lugar con un tiempo de 74 horas, 14 minutos y 37 segundos, un tiempo que jamás fue igualado en la historia de la carrera. Ramsay mismo, conduciendo su equipo, llegó en segundo lugar, y el tercer equipo de siberianos, conducido por Charles Johnson, llegó cuarto.

En los años siguientes la suerte eludió a los equipos de siberianos y hasta fueron drogados para que no ganaran. Las carreras de 1911 y 1912 fueron ganadas por el equipo de Scotty Allan con sus cruzas, con un equipo de siberianos conducidos por Charles Johnson obteniendo el tercer lugar en ambas ocasiones.
La carrera de 1913 fue ganada por Fay Delzene, quien también tenía un equipo de mestizos, con John Johnson con sus siberianos obteniendo un segundo lugar.
Finalmente en 1914, el hombre de hierro logró llegar primero con sus siberianos.

Leonhard Seppala

Leonhard Seppala llegó a Nome alrededor de 1900. El pequeño hombrecito había nacido en un pueblo pesquero de Noruega a 400 km del Círculo Ártico. Enfrentó los peligros del pescador del ártico a la edad de 11 años, había trabajado como herrero con su padre y completado su aprendizaje en el pueblo de Christiana. El trabajo duro y su afición a los deportes convirtieron a Seppala en un joven, que a pesar de su pequeñéz, era un excelente esquiador y luchador. Su idea de continuar con el negocio familiar terminó abruptamente cuando falleció su novia y prometida. Decidió dejar Noruega y emigrar a los campos de oro de Alaska.

Trabajó en varias cosas y alrededor de las minas; nunca le fue bien pero desarrolló el arte de conducir los equipos, y como el resto de la comunidad se aficionó a las carreras de trineos.
Él era el dueño de un equipo de mestizos de tiro pesado, que no eran de carrera pero ante la insistencia de un amigo suyo los anotó en una carrera, el Moose Handicap Race. Por una de esas cosas del destino fue un buitre el que decidió el resultado de la carrera. Seppala era conciente de que había ganado por suerte, pero la sensación de victoria lo embargó y esto fue lo que hizo que Seppala el esquiador se convirtiera en Seppala el conductor.
En 1913 Jafet Lindeberg había juntado los mejores siberianos de la primera importación y sus crías que pudo encontrar y le pidió a Seppala que se hiciera cargo de la cría y el entrenamiento de los perros jóvenes. Eran en total 15 perros, la mayoría hembras y cachorros, y la intención inicial era que fueran regalados al capitán Roald Amundsen, para ser parte de su propuesta expedición al Polo Norte el año siguiente. Por suerte para Seppala y para los siberianos, Amundsen tuvo que cancelar su expedición a causa del inicio de la Primera Guerra Mundial.

Los perros eran muy jóvenes y el único con experiencia era Suggen, el líder.
Durante el invierno siguiente Seppala y su equipo entrenaron arduamente, por lo que al comenzar la carrera del All Alaska en 1915, su equipo estaba en óptimas condiciones. Había sido cuidadoso en cuanto a entrenar fuera del pueblo, de esa forma nadie conocía la velocidad de su equipo.

Ganó la carrera con facilidad. Su rival más cercano fué Scotty Allan.

Al llegar a Cabo Nome a 20 km del final, Seppala le llevaba una hora de ventaja a Scotty Allan y ganó holgadamente.
Seppala ganó las carreras de 1916 y 1917 con la misma holgura. Luego ya no se realizó la carrera y Seppala compitió en muchas carreras mas cortas, rompiendo numerosas marcas en Alaska, Nueva Inglaterra y Canadá.

El hombrecito con sus perros ganó la admiración y el afecto de todos, el jamás usó un látigo con sus perros.

La corrida del suero

En 1925 cuando la difteria amenazaba con aniquilar a la población de Nome, fue cuando Seppala y sus siberianos obtuvieron reconocimiento internacional. En enero de ese año murió el primer niño por la enfermedad y pronto fueron afectados otros. La cantidad de suero antidiftérico en Nome era pequeña y se terminó rápidamente a medida que avanzaba la enfermedad.

El suero más cercano estaba en Anchorage a 1528 km de distancia, podía ser transportado en ferrocarril hasta Nenana. El avión en condiciones operativas mas cercano estaba en Seattle y no había tiempo suficiente para traerlo al norte. Por lo tanto la única forma de que el suero llegara a través de los 1053 km que había entre Nenana y Nome era por trineo. Este viaje era arduo en cualquier época del año pero más aún en invierno. Con las mejores condiciones climáticas los equipos del Correo Postal americano tardaban 25 días en cubrir la distancia.

El plan de Seppala era dejar a varios de los perros a lo largo del camino en las aldeas de los esquimales donde pudieran descansar y ser alimentados para el viaje de vuelta. Dejando a 12 perros por el camino planeaba llegar a Nulato, donde se encontraría con el equipo que provenía de Nenana con 8 perros. Esto sería un número suficiente ya que le habían dicho que el paquete con el suero era muy liviano.

Cuando Seppala ya había partido de Nome, la epidemia creció en forma tan alarmante, que se decidió hacer relevos día y noche desde la dirección de Nenana. Así fue al final del cuarto día, cuando Seppala estaba llegando a la aldea de Shaklotik, se encontró con el otro conductor. Seppala había viajado solo 272 km., cuando él pensaba viajar 480 km. Por ende casi sigue de largo cuando entendió las palabras "suero-vuelva". Aunque esto acortaría su viaje, Seppala acababa de pasar los peores 70 km. sobre el hielo de Norton Sound desde Isaac Point a Shaktolik y ahora con el arribo de la noche y un fuerte viento de frente, tendría que volver sobre el hielo. En este momento del viaje siempre estaba la probabilidad del rompimiento del hielo que salía flotando al mar de Bering. Muchos hombres se habían perdido de esta manera, y con el viento fuerte la probabilidad de que esto ocurriera era mucho mayor. Sin embargo Seppala llegó a Isaac Point habiendo viajado en un día 144 km. Al día siguiente siguiendo el consejo de un viejo esquimal, hizo el viaje más tierra adentro, aún así en un momento pasaron sólo unos metros del mar abierto donde el sendero que habían seguido el día anterior había sido arrastrado al mar. Esa tarde llegaron a la aldea de Cheenik donde se cambio el equipo.

El último equipo, conducido por Gunnar Kasson, llegó a Nome a las 5.30 de la mañana del 2 de febrero de 1925. El viaje de 1053 km de Nenana a Nome se completó en 5 días y medio, y de estos kilómetros Seppala había conducido a su equipo 544 km. Ninguno de los otros equipos condujo mas de 84 km.
Tan impresionante había sido el esfuerzo de los perros y de los conductores para evitar la epidemia de difteria, que el senador Dill del estado de Washington, introdujo una resolución en el congreso que incorporó la historia de la corrida del suero en el record del Congreso.

Una oración de este recuerdo dice: "Los hombres pensaban que el límite de velocidad y resistencia había sido logrado en las agotadoras carreras de Alaska, mas una carrera por deporte y por dinero fue mucho menos estimulante que esta contienda, en la que la humanidad era la urgencia y la vida era el premio".
Luego de la corrida Seppala viajó extensamente a través de Estados Unidos y Canadá, ganando carreras y proveyendo los ejemplares fundacionales para muchos de los primeros criaderos en ambos países.

Togo

La mayoría de las razas tienen algún ejemplar que por alguna razón llega a convertirse en leyenda. A través de los años siempre brillando en el horizonte helado del pasado aparece Togo: pequeño, oscuro, compacto, sordo ante las alabanzas que lo ensalzan, irreverente, con aspecto de zorro, salvo cierta pose y esa respuesta confiada a las órdenes, como un verdadero siberiano, con su inmutable y desvergonzada mala fama.

Togo nació en el criadero de Seppala en en Little Creek, en Alaska en 1915 o 1916. Llevaba el nombre del famoso almirante japonés. Su padre era Suggen, el siberiano líder de Seppala que ganó las carreras de 1914 y 1915. Su madre era una hembra llamada Dolly. Fue el único cachorro de la cría y según Seppala era solitario, a veces hosco y siempre travieso. Su primer dueño fue Víctor Anderson, que lo devolvió a los 6 meses cuando ya se convirtió en una molestia. Luego Seppala se lo dio a una mujer que quería una mascota, pero a pesar de los cuidados de la señora, Togo repetidamente rompía su cadena o saltaba por la ventana y volvía a Little Creek. Finalmente, aceptando lo inevitable, Seppala decidió quedarse con el perrito. Encantado de estar nuevamente en el único lugar que le gustaba, Togo paseaba por la tundra o corría suelto junto al trineo diariamente. Esto le daba mucho placer al cachorro, pero pronto comenzó a irritar a Seppala porque Togo se deleitaba pasando rapidísimo al lado del equipo y buscando la oportunidad mordía en las orejas a alguno de los perros y se escapaba rápidamente.

Cuando Seppala planeó un viaje a Dime Creek en Noviembre, dejó a Togo en un corral de 2.10 mts de alto de alambre tejido con las instrucciones de que no soltaran al cachorro sino hasta 2 días después de que hubiese partido. Esa noche Togo saltó y casi se escapa, quedó colgado boca abajo del alambre que se había clavado en la pierna. Cuando lo soltaron no se preocupó por la herida, sino que se desvaneció en la noche. Seppala había acampado en Salomon esa noche. Cuando partió a la mañana el equipo comenzó a tirar con una fuerza inusual y creyó que habían sentido el rastro de un ciervo. Cuando subió el sol y amainó el viento vio lo que parecía ser un zorro en la senda más adelante, pero pronto casi sin poder creer lo que veían sus ojos se dio cuenta de que era Togo. En ese momento el cachorro hizo su treta de cargar contra los perros y morder las orejas. Cuando le vendó la pata esa noche decidió que no había otra cosa que hacer al día siguiente más que poner el cachorro en un arnés con el resto de los perros. Lo puso bien atrás en el equipo tal como se hace con los perros nuevos, para poder controlarlo. Una vez que estuvo en el atalaje el cachorro se comportó como un veterano. A medida que transcurría el día y seguía trabajando mejor que los adultos, iba avanzando posiciones hasta que al final del día estaba compartiendo la punta con el experimentado perro líder. Seppala no podía creerlo, era un cachorro de 8 meses que nunca había estado en un arnés, con una pierna lastimada y que en su primer día había viajado 120 km. A partir de ese día Togo se convirtió en el favorito y siempre se podía depender de el. Aún cuando maduro, Togo pesaba solo 23 kilos. A medida que pasaban los años, su fuerza, velocidad y resistencia lo convirtieron en una leyenda en toda Alaska. Luego se convirtió en líder absoluto del equipo en 1918 y se calculaba que recorrió unos 8000 km convirtiéndose en el perro mas viajado del mundo. En 1925 Seppala volvió a confiar en Togo para la corrida del suero, pero el largo y penoso viaje de 544 km dejó su marca en el viejo perro que quedó permanentemente rengo desde entonces. Muchos se apenaron cuando los periodistas le dieron el crédito a Balto, uno de los perros de la segunda línea que usó Gunnar Kasson para llevar el suero los últimos 80 km hasta Nome. Los reporteros simplemente le pasaron la impresionante carrera de Togo a Balto y lo publicaron como "el más grande líder de carreras de Alaska". En consecuencia la estatua que se erige en el Central Park en Nueva York en conmemoración de este evento, lleva el nombre de Balto en vez de Togo.

Cuando Togo murió en la casa de Mrs. Elizabeth Ricker en Poland Spring, en el estado de Maine en diciembre de 1929, su cuerpo fue llevado al museo Peabody en la Universidad de Yale, donde fue embalsamado. Fue llevado al museo Shelbourn cerca de Burlington, en Vermont donde cada verano acuden muchísimos admiradores de los siberianos para honrar a este perro que simboliza las palabras de la estatua de Balto en el Central Park.

Dice así: "Dedicado al indómito espíritu de los perros de trineo que llevaron el suero 960 km por el áspero hielo a través de las traicioneras aguas pasando las ventiscas árticas, desde Nenana para dar alivio a la aquejada Nome durante el invierno de 1925.
Resistencia - Fidelidad - Inteligencia"


Leonhard Seppala y Togo