Entendemos con este concepto
la organización que existe dentro de un grupo de animales que
convive compartiendo territorio y/o recursos. Entre nosotros existe
algo similar (pensemos en nuestro trabajo, por ejemplo), de modo que
es fácil de entender. El que está arriba se supone que
lo está por determinados méritos, y es el que decide,
manda, y se lleva la mejor tajada de todo; también es el que
da la cara en los malos ratos, no lo olvidemos. El siberian husky es un perro
que necesita una jerarquía muy clara en su manada y en sus relaciones
diarias. Si tenemos un perro, nuestra familia será su manada,
o nosotros solos, si no vivimos con nadie más. Desde el primer
momento el perro dedicará todo su tiempo a observar su entorno
y las personas y animales que hay en él, con el fin de situarlos
en su escala jerárquica, y saber a qué atenerse con cada
uno de ellos. Así, para lograr que nos preste atención,
nos respete y obedezca, debemos ocupar el puesto más alto. Y
eso lleva trabajo (nadie dijo que esto fuera fácil). El líder no es el
más fuerte ni el más grande. Aquí los méritos
se miden con otro baremo; básicamente el mejor líder es
aquel que sabe enseñar los peligros de la vida (y evitarlos),
el que se muestra equilibrado y tranquilo en todas las situaciones,
el que fija normas de convivencia no arbitrarias y que demuestra saber
lo que quiere, y además es capaz de que le sigan sin emplear
la violencia. No es tan difícil como pudiera parecer si nos esforzamos
un poco en mirar las cosas desde un punto de vista canino. Porque a
nuestros ojos nosotros somos los más listos, pero a un perro
de nada le sirve que sepas manejar un ordenador o entiendas cómo
funciona el motor de un coche, esas cosas son irrelevantes en un mundo
de perros. En su mundo, gana el que provee de comida y agua, de refugio,
de relaciones sociales y de entretenimiento y estimulación mental.
Y visto así, cuando el cachorro llega a casa tenemos todas las
papeletas para ser unos estupendos lideres. Él lo acepta así,
y lo único que tenemos que hacer es mantenernos y no hacerle
cambiar de opinión. Para ello, además
de lo mencionado en Educa a tu husky, debemos comportarnos como líderes
en cuanto el nuevo perro llegue a casa. Y en su idioma. Debemos fijarnos
en algo importante: cuando nuestro perro nos da órdenes (y lo
hace, sobre todo si él es el líder, otra cosa es que las
obedezcamos), nunca usa la violencia, sino mecanismos más sutiles,
que a menudo nos pasan desapercibidos y nos llevan a seguirle la corriente,
afianzándole en su posición de dominante. Conocer estas
señales e invertir la situación es el mejor modo de dominar
a nuestro perro por las buenas. Me explico. ¿Quién no ha
conocido al típico perro que trae una pelota y se lía
a ladrar hasta que su dueño se la lanza?, a continuación
éste suspira con un "es que si no se la tiro no se calla".
Bien, este perro domina la situación, y está ordenando
a su dueño que juegue con él. Y lo consigue, es un magnífico
líder (no ha mordido a nadie para lograr lo que desea, verdad
?). Y el que empuja enérgicamente la mano de su propietario con
el hocico, para obtener unas caricias ? Está exigiendo que le
den mimos. Y el dueño le da mimos. Otro buen líder. ¿Qué
decir del que pide en la mesa, dando toques con la patita o colocando
la cabeza en el regazo del amo...?, y alcanza su objetivo, ha dado una
orden (cédeme tu comida) y el dueño ha obedecido...por
las buenas!!. Estos perros son los dominantes en su casa, y llevan a
su manada por donde les cuadra. Es muy frecuente ver esto en cualquier
raza, pero en el husky es aun más acentuado. Si permitimos que
esto suceda, nuestro perro no nos tendrá ningún respeto,
y cuando disponga de libertad de movimientos nos ignorará completamente.
Además, estas situaciones son la causa más frecuente de
agresividad de los perros hacia las personas (hacia miembros de la familia),
ya que el perro considera 1) que él manda, y 2) que se le está
desobedeciendo (y por lo tanto procede un castigo). A continuación
expongo las señales más frecuentes de dominancia y cómo
debemos actuar, bien para demostrar nuestro "carisma" y autoconfianza,
bien para invertir una situación que ya existe (el perro es el
que manda). Si lo aplicamos en un perro que ya ha afianzado su dominancia
(siempre con precaución, un perro muy dominante reforzará
sus órdenes con la agresión si no es obedecido, te suena
?), veremos un cambio apreciable en su comportamiento. No lograremos
su adoración absoluta, pero al menos tampoco nos tomará
el pelo de mala manera. 1.-Derecho de paso: el líder
tiene preferencia de paso SIEMPRE. Esto quiere decir que cuando se mueve
por el territorio, los demás se apartan, y no al revés.
Olvida tus buenos modales, si tu perro se cruza en tu camino, ignóralo
y sigue andando, si tropiezas no te enfades, simplemente actúa
como una apisonadora: sigue avanzando. Que se aparte. Esto es especialmente
importante en casa. El perro que se coloca en medio, en los pasillos
o atravesado en las puertas de más tráfico para dormir,
no está durmiendo, está controlando al personal. No pases
por encima aunque eso no te suponga esfuerzo, se dará cuenta
de que le estás cediendo el paso. Si está frente a puertas
o en pasillos, coloca la punta del pie bajo su cuerpo y haz cuña
suavemente (no se trata de ser violentos, solo de exigir paso libre),
hasta que se levante, insiste lo que haga falta, cuanto más jefe
se crea el perro más reacio será a moverse, pero no cedas.
En pocas repeticiones él mismo evitará ponerse en medio.
Te da pena despertarle ?, seguro que tiene una camita en una habitación
tranquila y sin tráfico, si realmente quiere dormir, que la utilice.
Haz lo mismo si se coloca delante de muebles con puertas o cajones,
por ejemplo en la cocina, ábrelos como si no hubiese nada delante,
aprenderá a quitarse si no quiere recibir un "portazo"
en las narices. No se trata de usar mala leche, ni de hacerle daño,
solo fingiremos que es transparente, que no está (no debería
estar) allí. Por lo tanto no hace falta que abramos la boca para
nada. 2.-Derecho de comida: el
líder come siempre el primero y se lleva la mejor comida, como
es lógico. Si tu perro come a horas fijas, asegúrate de
que no lo hace justo antes que tú. Coloca su comedero cuando
el resto de la "manada" haya terminado en la mesa. Y nunca
le alimentes desde la misma, por muy penosas que sean sus expresiones.
Si se pone especialmente insistente, o incluso mete el hocico en la
mesa, tienes dos opciones, ignorarlo totalmente, o gruñir (no
le regañes, no lo entendería, solo gruñe, en bajo
y clavándole la mirada, hasta que se aparte de la mesa). A la
larga resulta muy agradable poder comer sin tener que vigilar que nuestro
filete desaparezca de la mesa por debajo de nuestro codo. Si se cae
algo accidentalmente al suelo, recógelo con rapidez y déjalo
en la mesa, no le uses de "recogemigas", él lo interpretará
como que cedes a su petición. La otra parte de este derecho es
la de poder enredar en su comedero cuando lo creas oportuno. Si lo haces
de modo paulatino desde que es pequeño, rara vez pondrá
pegas, acarícialo por todo el lomo mientras come, y de vez en
cuando añade algo más de comida o algo especialmente apetitoso:
las manos en su comedero significan premio, y no le parecerá
mal. Si ya es adulto y pone pegas, no te enfrentes a él, primero
sube peldaños en otras facetas menos polémicas. 3.-Derecho a descansar: el
líder duerme en los mejores sitios, y además no debe ser
molestado. Muy útil el domingo por la mañana, si el resto
de la semana madrugas (tu perro estará en pie a la hora que marca
el despertador, aunque no haya que ir a trabajar, él que sabe
?). La reacción de todo cachorro es la de coserte a lametones
en cuanto te pille en posición horizontal. Si no le marcas un
límite, considera que puede hacerlo. Ahora bien, si te fijas
en ese cachorro cuando va a incordiar a un perro dominante que duerme,
verás que no recibe precisamente alabanzas. Actúa igual.
Gruñe con ganas y date la vuelta. Si insiste, sigue gruñendo
hasta que se aparte de la cama. Lo entenderá en seguida. En este
caso, si es el perro el que duerme y no está interrumpiendo el
paso, nosotros también respetaremos su sueño. Si además
no queremos tenerlo en las camas y sofás (fundamental si es un
perro muy dominante, los sitios elevados dan categoría), es esencial
proceder desde cachorro, cada vez que se suba, le daremos la orden de
bajar, si no obedece (doy por supuesto que se le ha enseñado
ese comando), le bajaremos nosotros mismos, con calma y sin enfados,
las veces que sea necesario. Si ya estamos nosotros en ese lugar, o
bien hacemos lo mismo, o bien optamos por gruñir en cuanto ponga
las manos en el mueble, hasta que vuelva al suelo. 4.-Derecho de propiedad:
todo lo tuyo es tuyo y lo de los demás, también. Recuerdas
al famoso perro del hortelano ?, pues era un perro líder. Eso
implica que los juguetes, la cama del perro, su comedero y bebedero,
y el contenido de la casa en general es tuyo, y se lo cedes porque te
da la gana pero puedes recuperarlo cuando quieras. Como el andar quitándole
de todo a todas horas al perro es más bien déspota (y
de eso no suele haber en el mundo animal), limítate a ejercer
tu derecho de cuando en cuando, principalmente con el cachorro, para
asegurar que no hay reticencias por su parte a cederte las cosas, aunque
las tenga en la boca. Un modo eficaz de no "pelear" por lo
que tenga el perro en ese momento es dar un buen motivo para que te
lo ceda (ver "soltar" en Adiestramiento). 5.-Contacto corporal: al
igual que en las personas, hay zonas más accesibles a los demás,
y zonas más "privadas". En función de la dominancia
del animal, se dejará tocar más o menos sitios. Si somos
el líder, debemos poder tocarle en cualquier sitio sin recibir
protestas. Puede ofrecer resistencia pasiva (plegar las orejas, retirar
una pata o cerrar la boca con fuerza al querer explorarle), que venceremos
con insistencia y paciencia, pero nunca debe emplear gruñidos
para impedir que accedamos a alguna parte de su cuerpo. Las zonas más
comprometidas son los genitales, la barriga, y el dorso/cabeza, por
ese orden. El colocar nuestra mano (o cabeza) sobre el cuerpo de nuestro
perro es una señal de dominancia, y al revés, si es él
el que coloca una parte de su cuerpo sobre el nuestro, nos está
exigiendo algo, no debemos responder JAMÁS. Para evitar problemas
de contacto, debemos acariciar a nuestro cachorro a diario, con cariño
y por todo el cuerpo, explorarle ojos, orejas, boca, piel......de modo
que se acostumbre a que lo manipulemos; cepillarlo ayuda mucho. No se
trata de obligarle físicamente a que se deje manosear durante
minutos, sino de que poco a poco se habitúe a que podemos tocarle
donde nos dé la gana. No es raro el perro que "no se deja
cepillar la barriga", o "gruñe si le tocas la cabeza",
no le dejemos llegar a esos extremos. Si él hace lo propio, podemos
ignorarlo o repeler el contacto físico, depende de lo adecuado
que nos parezca y de las circunstancias (a mí no me preocupa
que un cachorro de 6 meses coloque su cabeza en mi barriga tras un rato
de revolcarnos por el suelo, dado que no se ha mostrado dominante conmigo
en ningún momento, lo interpreto más como una señal
de confianza que de intento de subir de rango, por poner un ejemplo). 6.-Contacto visual: en el
lenguaje canino (y en el nuestro) una mirada fija en los ojos del otro
implica dominancia y autoconfianza. Esto podemos hacerlo desde muy pequeños
y asegura nuestro liderazgo sin riesgos (es peligroso en perros desconocidos
o ya muy dominantes). En un momento de relax, clavar la mirada en los
ojos de nuestro perro, llegará un momento en que él retire
la vista girando la cabeza, ese es el objetivo, cuanto más afianzada
esté nuestra posición, menos tiempo durará el contacto
ocular. 7.-Comandos: si eres el líder,
tu perro debería hacer lo que le pides, al menos la mayor parte
del tiempo (se supone que no eres un sargento que da órdenes
a todas horas). Cuando el perro es muy joven, hay que enseñarle
el significado de esos comandos, y una vez los tenga muy claros, insistir
en que los haga, si no vale el comando verbal, puede ser necesario "obligarle"
físicamente a obedecer, no con malos modos, simplemente "empujándole"
a que lo haga. Si no viene y está atado, tirones muy suaves de
la correa le harán seguirnos. Si está en el sofá
y no baja, se lo toma en brazos y se le pone en el suelo. Si no sube
al coche, le subimos nosotros....de todos modos si estas situaciones
se repiten muy a menudo (el perro no hace nada de lo que le pedimos),
tal vez trata de decirnos algo..... (repasa la lista anterior). 8.-Tú mandas: o eso crees, no?. Si tu perro te da órdenes y tú descuidadamente, las obedeces, él es el líder. El juguete que te trae, la petición de comida, el bebedero lanzado a tus pies, la correa en la boca y sentado frente a la puerta de la calle, el arrastrarte durante el paseo......hay mil y una situaciones en las que el perro nos ordena hacer cosas que nosotros hacemos sin pensarlo dos veces, y luego nos extraña que nos gruña al quitarle algo de la boca o no venga cuando le llamamos. Estas situaciones son conflictivas, confunden mucho al animal (a veces tratas de tomar el control, pero lo haces con poca decisión y ninguna constancia: no eres previsible y no se fía de ti), y generan tensión e incluso violencia entre los miembros de la manada. Lo primero para evitar esto (además de lo anterior) es hacer lo que él hace: observar. Esta actitud es clave. Nuestro perro lo observa todo, y hace muchas asociaciones en función de lo que ve, que le serán útiles en algún momento de la convivencia. Pues más nos vale seguir su ejemplo. Si le observamos detenidamente, y nos sacamos de la cabeza esas cositas que nos distraen y nos hacen ir por el mundo sin ver ni oír lo que pasa a nuestro alrededor (el jefe, la hipoteca, la inflación, la avería del coche......), nuestra relación lo agradecerá. Y al fijarnos nos damos cuenta de cuántas veces nuestro perro nos manipula para obtener algo de nosotros a lo largo del día. En estos casos tenemos dos opciones: ignorarlo, o complacerle. En el segundo supuesto, por ejemplo quiere jugar, es preferible aceptar (aunque lo ideal sería que nosotros hubiésemos iniciado el juego), ya que nuestro perro se aburre, y si no se le hace caso, se buscará la vida por otro lado (poco deseable). Pero en estos casos lo que debemos hacer es invertir los términos. Si recibimos una petición de nuestro perro, le daremos nosotros alguna orden (que se siente, que camine un rato al lado, lo que nos parezca), y como recompensa, jugaremos con él, le daremos algo de comida, etc. Así es él el que obedece, no nosotros. EL SEGUNDO PERRO Hace ya un tiempo que tenemos
un perro, nos gusta la experiencia y nos llevamos bien, y empezamos
a considerar la posibilidad de adquirir un compañero/a. Bien,
la idea en principio es acertada, pero debemos considerar algunos puntos
importantes. Lo primero es tener en cuenta qué vamos a escoger:
del mismo sexo que el que ya tenemos, o del contrario ? Si optamos por
elegir "la parejita", hay que considerar lo que ocurrirá
en el futuro: cuando la hembra entre en celo, sabemos ya lo que vamos
a hacer ? Cuando paseamos por la calle con ambos perros, sea lo que
sea el perro que nos cruzamos, podemos tener problemas (llevamos siempre
uno de su mismo sexo). Nuestro macho se va a crecer mucho y querrá
demostrarle a su "novia" cuánto vale, aunque hasta
ahora hubiese sido un perro de lo más tranquilo, y es más
que probable que le impida jugar con otros perros, por las buenas o
por las malas. La hembra puede obrar de igual modo cuanto nuestro macho
tontee con otras perritas. Por lo demás es prácticamente
seguro que la relación entre ellos no sea conflictiva. La otra opción es
más viable de lo que crees en esta raza, preparada para trabajar
en equipo y con una gran comunicación entre congéneres
que les permite convivir sin problemas.....siempre y cuando nosotros
no interrumpamos esa comunicación, lo que a menudo ocurre. Un consejo, no adquieras
un segundo perro antes de que el primero no se haya afianzando del todo
y te obedezca y esté educado (al menos año y medio), ya
que si se juntan dos cachorros, lo que no se le ocurra al uno se le
ocurrirá al otro, y se darán fuerza mutua para desoír
todas tus órdenes. El manejo de dos ejemplares muy jóvenes
es muy complejo, y desespera al más paciente. En cambio si ya
hay un adulto en casa, el cachorro aprende las normas con sorprendente
rapidez, asimila la disciplina con menos resistencias, y si nosotros
somos el líder del adulto, no nos costará trabajo hacernos
con el cachorro. Otra cosa es si el adulto nos ignora. Un segundo perro
multiplicará el problema por dos: el primero no se asentará
al tener un compañero, más bien enseñará
al nuevo todo lo que sabe hacer (mal), y en vez de una carga tendremos
dos. Un perro bien educado nos será de gran ayuda, un perro al
que no hemos conseguido dominar supondrá un rival en la educación
del segundo (y llevamos las de perder, ya que ellos hablan el mismo
idioma y tienen metas comunes). Lo primero a tener en cuenta
es el mantenimiento de la jerarquía. Tú eres el líder,
el adulto es el perro beta (o segundo), y el cachorro.....el omega,
o sea, el último. Como tal, tiene algunas licencias por ser cachorro,
ya que aún no conoce límites ni normas, pero nunca olvidemos
que es el último en la jerarquía, el adulto lo va a entender
así, y todas las maniobras más o menos inconscientes por
nuestra parte para invertir esa situación conducirán a
reacciones desagradables del adulto hacia el cachorro, de intensidad
creciente conforme nosotros interfiramos entre ambos. Me explico. Cuando el cachorro llega,
todo son mimos y juguetes y premios para él, tan pequeñito
y cariñoso y juguetón.... mientras el adulto ve como no
solo entra un torbellino en su apacible y organizada vida, que le quita
comida, cama y juegos, sino que deja de ser el centro del universo por
un perfecto desconocido. Esto es más desagradable para el adulto
cuanto mayor es, y cuanto más dominante. No es plato de gusto,
la verdad. Lo primero que hará será dejarle claro al pequeño
que por muy adorable que sea, acaba de llegar, y no es nadie. Le olerá
de pies a cabeza, y en cuanto el pequeño trate de jugar con él
o de apoderarse de todo lo que haya a su alcance, recibirá un
gruñido (muy intimidatorio) tras otro. NO INTERVENIR. Si quieres
verlo desde tu punto de vista, le está diciendo "no",
exactamente como harás tú dentro de nada. Le está
poniendo normas, como tienes que hacer tú, y le está explicando
que él manda, lo mismo que deberás hacer tú. Y
el cachorro, con más o menos valentía, va a aceptar esto
como algo natural, y hará tanteos en todos los terrenos para
ver dónde se le gruñe y dónde se le permite. Están
estableciendo una relación, no debes mediar para nada. Tranquilo
si la reacción de tu perro parece desmedida, y te encuentras
con el pobre cachorrito panza arriba y chillando como si le mataran:
si tu perro es equilibrado y sociable no le está haciendo nada,
es todo puro teatro que cesará en unos segundos, y probablemente
no se vuelva a repetir. Si empiezas separando ya, lo más probable
es que el adulto considere que te pones del lado del "enano",
y en cuanto te des la vuelta lo intentará de nuevo, esta vez
con peores intenciones (cuanto más les separes, más dura
será la agresión del adulto en el siguiente intento). El cachorro ya se ha llevado
unas cuantas broncas por parte de su nuevo "papá".
Bueno. Muéstrate alegre y acaricia mucho al adulto, y solo de
modo distraído al cachorro. Haz ver a ambos lo que están
esperando: al mayor, que sigue siendo el rey (por detrás de ti,
se entiende), y al cachorro, que le queda mucho por aprender y debe
estar atento. Si tienes al adulto de tu lado las cosas serán
mucho más fáciles. En pocos días se harán
amigos, tu deber es ponerte del lado del mayor SIEMPRE, pase lo que
pase, especialmente si no sabes el motivo de la disputa (que en realidad
no suelen ocurrir, pero lo digo por si se diera el caso). Si hay un
juguete en el suelo y un cachorro panza arriba, o bien no dices nada,
o bien recuperas el juguete y se lo entregas AL BETA (el adulto), nunca
al cachorro. El cachorro jugará/comerá/dormirá
cuando y donde los jefes le dejen. No espera otra cosa, si se le da
la oportunidad de subir de grado, no la desperdiciará, y eso
es siempre motivo de conflictos (entre ellos y contigo, no lo olvides,
y detrás del perro beta estás tú: también
tratará de comerte terreno). Algunas reglas: -El beta elige: a partir
de ahora las cosas hay que comprarlas de dos en dos, y exactamente iguales.
Aun así, permite que el perro mayor elija una (huesos, juguetes,
comederos, etc.). De este modo no pensará que el cachorro se
ha llevado la mejor (la de otro es siempre la mejor, te aviso desde
ya, y el cachorro, por descontado, prefiere la otra. Deja que el adulto
se encargue de decirle lo que le parece). A la hora de comer, si la
comida está disponible todo el día, asegúrate de
que ambos comederos están siempre llenos, opta por poner en los
dos comida de cachorro, ya que será imposible que cada uno se
coma la suya. Si hay horarios, pon siempre primero el comedero del adulto,
y asegúrate de que no haya intercambios. Si el cachorro se pone
muy pesado y el adulto no hace nada, pon orden tú mismo. -Cuando haya diferencia de
opiniones, dale la razón siempre al beta. Si el cachorro ve que
haga lo que haga te pones de lado del otro perro, se andará con
pies de plomo antes de intentar tonterías. -Las normas son iguales para
todos. Tu dominas al perro adulto, y al cachorro. El adulto solo al
cachorro. Para que esto se mantenga así, no hay privilegios que
valgan, y si se concede alguno, será siempre al adulto. -A la hora de repartir mimos,
no cedas al encanto del "osito". El mayor es el que tiene
mayores derechos de acercarse a ti. No son raros los perros "celosos"
que no dejan que su dueño acaricie a otros perros: estos sentimientos
(celos, envidia, venganza....) en los perros no existen, por fortuna,
son solo interpretaciones antropomórficas de un comportamiento
con sentido desde el punto de vista canino. Si tu perro es el beta y
tu eres el alfa, el resto del mundo son omegas, y no pueden saltarse
la jerarquía así como así. Es un error reprender
a tu perro y seguir acariciando al otro, solo fomentas su agresividad
con terceros y le desconciertas. En estos casos lo ideal es acariciar
y alabar generosamente al tuyo (cada vez que viene otro perro, me colman
de atenciones), y cuando tu perro pierda interés y se vaya a
oler por ahí, puedes acariciar al otro, si tu perro no te ve,
claro. Con el cachorro igual, usa las dos manos, y de modo evidente
mima al adulto, y con disimulo, al cachorro. Solo con estas sencillas
precauciones verás que la convivencia es muy fácil y que
ambos perros se hacen amigos (más de una vez te tomarán
el pelo juntos, paciencia), y desde luego que no hay peleas ni diferencias
entre ellos. Disfruta viéndolos jugar, y aprende del modo en
que se relacionan entre sí. |