Aquí nace el primer
conflicto entre perros y personas. Nuestros amigos peludos buscan un
líder al que seguir (si no ellos ocupan ese puesto, no puede
quedar vacante), y los humanos nos empeñamos en imponerles un
jefe. ¿La diferencia?, una, y muy importante: el líder
convence, el jefe obliga. El líder tiene cosas que ofrecer, y
así lo hace, el jefe carece de argumentos, y por tanto se impone
por la fuerza. Para muchos ese es el argumento número uno en
la naturaleza, el que parece más habitual, la ley de la selva.
Pero en el fondo si eso fuese así, muchas especies se habrían
extinguido hace tiempo, matándose unos a otros dentro de la misma
especie. En realidad, y en el caso que nos ocupa de los perros, existe
un amplio repertorio de señales visuales, acústicas y
olorosas encaminadas exclusivamente a reducir la agresividad entre individuos.
Cuando los emisores y receptores de estos mensajes respetan su significado,
las peleas y agresiones son mínimas, lo que conocemos vulgarmente
como "teatro". Nuestro primer deber será conocer esas
señales Y RESPETARLAS. Y de paso, tratar de emitirlas cuando
lo creamos necesario para darle a entender lo que pensamos a nuestro
perro. Entre los humanos existen
dos tendencias generales en la relación con los perros: la democracia
y la dictadura. Malas noticias: los perros no saben nada de política,
y ni una ni otra les sirven de mucho. Aunque aún peor (sobre
todo para el que la sufre), aceptan como más válida la
dictadura que la democracia. En la naturaleza no suelen existir ejemplos
de ninguna de estas dos circunstancias entre los cánidos: ningún
líder pregunta a los suyos qué es lo que desean hacer,
ni lo somete a votación: ¿por qué?, porque se da
por supuesto que si es el líder, todo lo que haga irá
encaminado a beneficiar y/o proteger al grupo, y por tanto, si ocupa
ese puesto merecidamente, no tiene que someter a juicio sus decisiones,
son las mejores para todos y punto (algunos humanos deberían
tomar nota). En las dictaduras, el que se impone (por las malas) es
el jefe. Inicialmente funciona, si es el más fuerte, los demás
poco pueden hacer. Pero el hecho de que las decisiones sean siempre
en beneficio propio, y que haya impuesto su mandato por métodos
poco pacíficos, le obliga a hacer constantes demostraciones de
fuerza para mantenerse en su puesto (los desafíos serán
continuos, pues los subordinados no estarán satisfechos con su
situación), y tiene un gran inconveniente: si algún día
no puede mantener esa fuerza (lesión, enfermedad, vejez...),
el resto del grupo unirá las suyas para destronarlo, y se acabó
lo que se daba. El líder que ocupa ese puesto de modo espontáneo
y aceptado por el grupo no necesita cubrirse las espaldas, nadie le
atacará por ellas, ni tampoco debe hacer ostentación de
poder, se le respeta por lo que ofrece, no por la fuerza física
de que dispone. Volvemos a las personas. Los que instauran la democracia
en su casa tienen un problema, ya que el perro no comprende el concepto,
y aunque todos deseamos que nuestro amigo sea uno más hasta ese
nivel, no es posible pedirle las cosas por favor, no entenderá
un "gracias", y no se le puede pedir su opinión para
todo. Él solo busca un buen líder (al que por supuesto
hay que probar, no te puedes fiar del primero que pase por tu vida diciendo
que se ocupará de ti) que le organice la vida y le proteja del
mundo exterior, que en el caso de las ciudades puede ser mucho más
complicado que en Alaska, a veces. Cuando encuentra a esa persona (o
perro), le sigue sin dudar, y no cuestiona prácticamente nada,
pero hasta entonces todo son dudas y tanteos. En una democracia los
límites para el perro no están bien definidos, al animal
se le da una libertad que no entiende como la entendemos nosotros (él
la ve como debilidad y falta de límites, no como una situación
de igualdad, que por cierto en las manadas de perros y lobos no existe),
y que le confunde más que ayuda, llegando un momento en que acaba
por tomar las riendas (asume el liderazgo que nadie parece querer) y
termina por hacer las cosas como él cree que deben hacerse. Resultado:
tenemos el famoso problema de "agresividad por dominancia"
(o creías que cuando tu perro tomase el mando iba a preguntarte
tu opinión sobre cómo repartir el sofá ?), el perro
dirige, impone unas normas, y espera que se respeten, y si no se respetan,
puede tomar cartas en el asunto. En huskies el problema no suele llegar
a tanto (el perro que no es obedecido por los suyos tiende a apartarse
del grupo y buscarse otras compañías menos conflictivas),
pero en otras razas son frecuentes las llamadas al orden por parte del
animal con métodos poco democráticos: gruñidos,
amenazas, y en última instancia, mordiscos (es el clásico
perro que invade el sofá, que no deja que le quiten los juguetes,
o que metan la mano en su comedero, ni permite que le cepillen o acaricien.....).
Llegados a este punto tenemos el famoso perro que "se ha vuelto
loco" (está "atacando" a su propietario), o bien
el que "es muy bueno, si no le molestas..." La dictadura es también
una opción frecuente, es un modo fácil y "eficaz"
de manejar perros, el argumento único es "porque yo lo digo",
y en general funciona más o menos bien con todas las razas. Pero
sólo funciona para mantener una cierta compostura en el animal.
Si queremos que dé lo mejor de sí mismo, o incluso que
nos haga caso en determinadas razas (como la que nos ocupa), es un sistema
que tampoco vale. Esta muy de moda por la extrapolación que se
hace de las manadas de lobos, en las que el alfa dirige (aparentemente)
a los suyos a base de gruñidos, amenazas, mordiscos más
o menos intensos, y fuerza posturas de sumisión en las que el
subordinado se coloca panza arriba y lame su nariz. Como la especie
violenta por naturaleza que somos, nos quedamos con ese estribillo,
y no vemos el resto de la canción. Y así se propaga el
tratar por la fuerza en todo momento a un animal que curiosamente es
mucho más fuerte que nosotros, y se indica cómo imponerse
del modo más brutal posible a la menor salida de tono (o a todo
aquello que nos disguste de nuestro perro), forzando situaciones cuanto
menos muy estresantes para nuestro amigo, que rompen su confianza en
nosotros y le inducen a tenermos miedo, mucho miedo. Algunos ejemplares
pueden llegar a defenderse (y son inmediatamente sacrificados, claro),
pero la mayoría opta por dar muestras de sumisión absoluta
(generalmente ignoradas por el dictador, que sigue aplicando el castigo
hasta que se cansa, no respetando los mensajes enviados por su perro)
o llegan incluso a desconectar, dejándose llevar por las circunstancias
pero con la mente en otro lado, son perros vacíos, con la mirada
vidriosa, a los que todo parece darles igual. Y aunque incluso en esto
hay grados (no es lo mismo amenazar a tu perro con un periódico
que darle una paliza con un palo), cualquier forma de agresividad hacia
el animal es injustificada, y la mayoría de las veces no responde
a un adiestramiento real, sino a una venganza por parte del que la aplica
ante su frustración por no ser capaz de conseguir lo que desea
de otro modo, o porque su vida en general es un asco y tiene que pagar
el que menos culpa tiene. El husky entra tan mal en este sistema como
en el otro (o peor), y es entonces cuando sí opta por la huida
(en el caso de las "democracias", lo más probable es
que no obedezca, pero tampoco tiende a marcharse: se cree el líder,
y debe cuidar de su manada), y si tiene que estar atado, su comportamiento
es impredecible, desde la apatía más absoluta, hasta la
histeria más descontrolada, y por supuesto obedece siempre de
mala gana y necesita que le recuerden constantemente "quién
es el jefe". ¿Y entonces qué
hacemos?. La clave está en hallar un equilibrio. Ni dejar al
perro que elija entre todas las opciones posibles, ni imponernos a él
en todo momento ahogando su personalidad. Nuestro siberiano necesita
unos límites claros y unas normas a seguir, pero también
espera que le convenzan de que esas normas son lo mejor para el grupo,
y que tú tratas de ser un líder, no un jefe. El papel
del líder, en principio, es sencillo: debe proteger a los suyos.
Y nada más. Eso implica conseguir comida y agua, lograr sitios
seguros donde descansar, evitar los peligros y las confrontaciones violentas
con otros congéneres (o con otras especies).....y eso implica
algo importante: NO PUEDES ATACAR A LOS MIEMBROS DE TU MANADA SI TU
TRABAJO ES PROTEGERLOS. Ambos conceptos se contradicen, y por lo tanto
no pueden darse juntos. Si proteges a tu perro de los ataques de otros
perros, o de que lo atropelle un coche, y luego le amenazas y le agredes
de modo habitual para lograr su "cooperación" en ejercicios
de obediencia, por ejemplo, eres un líder muy muy raro, más
bien pareces un jefe (por agredir se entienden también modos
habituales de adiestramiento como collares de castigo y estranguladores,
ya que actúan de modo violento sobre el cuello del perro, lugar
habitual de mordisco en peleas entre congéneres, y cuyo uso es
interpretado por el animal como un ataque). Una vez entendida esta idea
la cosa es bastante sencilla, aunque no siempre es fácil de llevar
a cabo. Debemos ayudar a nuestro perro a superar miedos infundados animándole
a enfrentarse a ellos, y cubrirle cuando el miedo tenga fundamento,
protegiéndole en la medida de lo posible (para ello es necesario
que el perro nos acompañe cuanto más tiempo mejor, a pocas
cosas puede enfrentarse si solo sale media hora al día, y siempre
por el mismo sitio). El mundo es muy complejo y lleno de cosas a descubrir
y explorar, y si el perro tuviese que aprenderlo todo por sí
mismo no duraría mucho, nuestra experiencia es un punto fuerte
a nuestro favor, y el perro lo sabe y lo valora adecuadamente. De modo
habitual el cachorro recurre a su líder cuando algo le da miedo:
ladra o vocaliza, se acerca a nuestras piernas o se mete tras nuestro
cuerpo, y nos observa para saber cómo comportarse. No desperdiciemos
esas oportunidades, pues de ellas dependen dos cosas: que nuestro perro
nos llegue a respetar y a apreciar con el tiempo (nos ganaremos su CONFIANZA),
y que cuando una nueva situación le dé miedo de verdad
no corra descontrolado sino que corra...hacia nosotros (buscando la
protección que le hemos prometido). Si la causa de sus temores
es injustificada, con paciencia y EJEMPLO debemos convencerle de ello,
por ejemplo de otros perros o de una bolsa de plástico que vuela
o de un carrito de la compra o un paraguas, adelantándonos a
él y dirigiéndonos hacia la fuente de su miedo, hablando
alegremente o incluso riendo (eso lo entienden en seguida), tocando
e incluso olfateando el objeto o jugando con el otro perro para incitarle
a que se acerque. Y repetir esto las veces que haga falta con todo lo
que sea necesario. Esquivar las causas de sus miedos sólo contribuye
a reforzarlos: le estás mostrando, con tu ejemplo, que hay que
huir de la gente con paraguas o de otros perros o de las bombonas de
butano. Y él, que se fía de ti, lo hará en el futuro
casi con toda seguridad, durante toda su vida. En el caso de que la fuente
de su miedo sea real, pues lo dicho, muestra tú también
miedo y aléjate del lugar, la idea le quedará clara (por
ejemplo a coches en marcha, o animales de granja de gran tamaño...).
Si tu perro en una situación de miedo corre hacia ti solicitando
ayuda, no lo ignores, no le critiques o le regañes para luego
abandonarle a su suerte: le estarías fallando en tu misión
principal y no lo va a olvidar. Si esto ocurre con algo tonto, como
que le tenga miedo a otro perro al que tu aprecias como amistoso, es
preferible ayudarle a relacionarse, si es preciso lo coges en brazos
y lo acercas así, poco a poco, al verse en alto y contigo a su
lado se sentirá más seguro, pero ni le des la espalda
ni evites los contactos. No es necesario que al primer encuentro juegue
como loco con los perros que le dan miedo, pero sí que al menos
intente olerlos, se deje oler, y compruebe que efectivamente ni ellos
le hacen daño, ni tú le dejas a su suerte. Con pocos intentos
más se convencerá y él mismo establecerá
las relaciones con sus congéneres. En el resto de la convivencia
diaria se establecen unas normas, algunas podrás explicárselas,
otras no, en ese caso las tendrás que mantener con las señales
arriba mencionadas, amenazas en su idioma que indiquen "te estás
propasando", y permanecer atento a las reacciones de tu perro,
respetando de inmediato cualquier señal de que ha entendido lo
que le decimos. Las normas, pocas y claras, de obligado cumplimiento
y a ser posible con sentido para el perro: todos los perros entienden
que defiendas tu comida (otra cosa es que lo respeten), o tu cama/sofá.
No todos entenderán lo de no cavar bajo los rosales o no pisar
un suelo recién fregado. No seas demasiado retorcido, o te crearás
trabajo extra. Y a la hora de hacer cumplir esas normas, piensa que
si has sido un buen líder, tu husky cederá muy rápido
ante un gruñido en la mesa, o una mirada asesina para que abandone
el sofá: el ser líder es un trabajo duro, y como tal tiene
un buen "sueldo" (ver Jerarquía). En cuanto a las señales
a emitir y respetar, son muchas y diversas, puedo comentar algunas pero
deben ser vistas dentro de un contexto, e interpretadas en conjunto;
por ejemplo, se dice que el perro que mueve la cola es amistoso. Sin
embargo, si mueve la cola de modo envarado, muestra los músculos
rígidos, las orejas hacia delante y la mirada fija, no es en
absoluto amistoso.... El arma número uno
de la comunicación hombre-perro es la vocalización. Nuestra
mímica es algo limitada, no tenemos rabo y nuestras orejas no
se mueven, así que la voz es lo que más usamos. El perro
responde bastante bien, pero si podemos reforzarla con posturas corporales,
mejor. En el tema de olores ni entro porque no lo controlamos en absoluto,
aunque nuestro husky sí que obtendrá información
de ellos. En nuestro perro lo que mejor podemos valorar sin embargo,
es la expresión corporal, ya que los siberianos suelen vocalizar
bastante poco. Nosotros podemos usar como modo de desaprobación
el gruñido, bajo, gutural y prolongado hasta que haga efecto.
Si lo acompañamos de una mirada fija y rigidez muscular (como
si fuésemos a saltar sobre el perro, aunque estemos tumbados
en la cama), el efecto suele ser inmediato. Los gemidos, agudos y repetitivos,
también tienen su utilidad, de cara a un cachorro demasiado suelto
con sus dientes o un adulto que acaba de perder el control en un juego.
Por norma general, inhiben el comportamiento realizado en ese momento.
Conviene acompañarlos de inmovilidad absoluta y mirada perdida,
y una vez el perro recupera el control, de un abandono de la escena
como "protesta" a su brusquedad. La siguiente vez tendrá
más cuidado. La expresión corporal también es importante.
Una inclinación de nuestro cuerpo hacia delante, con la mirada
fija en el perro (y si es posible, una buena sonrisa), con un avance
lento o una inmovilidad total, invita al juego (no te ha pasado alguna
vez que tu perro viene a la llamada y cuando te agachas para ponerle
la correa, echa a correr en círculos?, pues ya sabes porqué).
Los saltos, carreras cortas (y circulares), aspavientos y la risa, también.
El presentar un objeto y fingir gran interés por él, lo
mismo. Utilízalo cuando desees iniciar un juego con tu husky.
La mirada fija con expresión seria es una amenaza si se dirige
hacia los ojos o el lomo, si se dirije a un costado y se intercalan
ladeamientos de cabeza, es una señal de apaciguamiento. No creo
que lo necesites para relacionarte con tu perro, pero si él lo
hace, ya sabes lo que trata de comunicar, que te calmes. En cuanto al perro, su lenguaje
es complicado, pero a grandes rasgos lo que más veremos será:
orejas replegadas contra la cabeza, balanceos lentos y amplios de rabo
y cabeza que se mueve hacia los lados o hacia a abajo evitando las miradas
fijas, en un perro sumiso que desea nuestra atención, a veces
acompañado de lamidos de nariz (la suya o la nuestra, da igual).
Si esto lo hace cuando se le está regañando, deberías
hacer caso, está tratando de apaciguarte, lo siguiente sería
mostrarte el cuello, y finalmente tumbarse en el suelo panza arriba
(frena, ya no puede someterse más, no tiene sentido insistir
en lo que sea que estás haciendo). La posición clásica
de pecho al suelo y culo alto es una invitación al juego. También
lo es la mirada fija, el rabo horizontal, las patas ligeramente envaradas
y el movimiento muy lento o ausente, como si fuera a cazar algo. La
posición de agazapado en el suelo es una exageración de
lo anterior, con igual significado. El perro que ladea o baja mucho
la cabeza, repliega las orejas pero no mueve el rabo sino que lo baja
o incluso lo mete entre las patas, además de apaciguarte demuestra
que tiene miedo. Si además eriza pelo, es posible que responda
agresivamente si se cree arrinconado. Hay muchas más, es
apasionante observar a nuestro husky, especialmente cuando se comunica
con otros perros, y tratar de averiguar qué significan cada una
de sus vocalizaciones y sus movimientos. Muchos no podremos usarlos
para "hablar" con él, pero conviene entenderlos para
comprender lo que nuestro amigo trata de comunicar en cada momento,
ya que muchos de nuestros problemas de relación con el siberiano
son solo un malentendido o una falta de comunicación. Para empezar
resulta muy recomendable la lectura de "Las señales de calma"
de Turiid Grass. |